
Una masía del siglo XIII
Ocho siglos de historia, arquitectura y paisaje del Penedès forman parte de la experiencia.


— Un espacio con alma —
En Esferic Castellarnau, la piedra antigua respira con calma y el tiempo se detiene lo justo para celebrar lo que importa.
A solo unos minutos de Barcelona, este refugio señorial rodeado de naturaleza, legado y silencios llenos de significado, se convierte en escenario para bodas, eventos corporativos, celebraciones familiares y encuentros que buscan algo más que un simple espacio.
Aquí, la tradición convive con la elegancia actual: jardines que invitan a reunirse, salones que guardan siglos de historias y una gastronomía cercana, nacida del territorio, que acompaña cada ocasión con honestidad y sabor.
— Voces de quienes ya nos han visitado —
Aún sin reseñas

— Lo que nos hace únicos —

Ocho siglos de historia, arquitectura y paisaje del Penedès forman parte de la experiencia.

La Masía cuenta con una cocina basada en la gastronomía catalana con toques mediterráneos, utilizando ingredientes de proximidad de gran calidad.

El recinto cuenta con la edificación principal, declarada patrimonio de Interés Cultural, con salones grandes y pequeños además de un pabellón de nueva construcción que permiten escoger aquel ambiente que más se adapte a vuestras necesidades.
— Nuestro legado —
Desde el siglo XIII
La historia de Castellarnau se entrelaza con la de las familias del Penedès. Documentada desde 1213, la masía ha atravesado siglos de vida rural, adaptándose y sobreviviendo a los avatares del tiempo hasta llegar a nosotros como testimonio vivo de un paisaje y una manera de hacer.

Entre las masías pertenecientes a la parroquia de Sant Julià de Altura, una de las más destacadas y antiguas era la de Simón de Arnau. En 1325 la familia Borrell compra la masía, por aquel entonces denominada “castillo” y pertenece a esta familia durante más de un siglo.
Uno de los hijos de familia se casa en 1462 con la heredera de la masía Can Maduixer, de Terrassa, y por cuestiones de dotes y dominios de tierras empiezan una serie de disputas, lo que perjudica las relaciones de ambas familias.
De estas discusiones entre las dos masías surge una pugna que consistía en ver cuál de las dos casas construía una torre más alta en su propiedad. El ganador de dicha disputa fue el heredero de Can Maduixer que, años después, vendió la finca a la familia Viver y que paso a conocerse como Can Viver de la Torre Bonica.
La construcción de la torre de Castellarnau provocó la ruina a los Borrell de manera que un hijo del dueño acabó trabajando de panadero en Can Viver. Todo por intentar construir una torre más ostentosa que la de su pariente. En la segunda ventana de la torre hay un escudo con las letras JHS, la inscripción de "Montserrat Borrel" y el año de construcción de la torre, 1575.
El 1622 se vendió la finca por el precio de 4500 libras barcelonesas a Francisco Berardo, quién únicamente poseyó Castellarnau durante 26 años, pero de quien conserva el nombre la torre. En 1648, Joan Martí, de Barcelona, compra la propiedad a Francisco Berardo y la estructura de la masía se conserva hasta la actualidad.
En 2005, la propiedad de Castellarnau construye en el mismo recinto un salón en el que poder llevar a cabo celebraciones y eventos, actividad a la cual se destina la masía en la actualidad.
